martes, mayo 22

¿Cómo es un ataque de pánico?

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Repentinamente muchas personas sufren de una intensa crisis de angustia, acompañada de miedo y sensación de catástrofe inminente.

Durante esos minutos suelen experimentar dolores en el pecho, palpitaciones, respiración entrecortada, sensación de ahogo, oleadas de calor o frío, sudoración y miedo a volverse loco o morir.

A ello se suma una complicación frecuente: el desarrollo de un miedo anticipado, un miedo al miedo, pues las personas temen perder el control durante este tipo de ataque. De hecho, al no saber en qué momento surgirá evitan quedarse solas o salir.

El problema debe ser atendido cuando éste se presenta sin que haya esfuerzos físicos intensos o situaciones reales de amenaza para la vida, pues en realidad se trata de un desorden fóbico, es decir, un temor ilógico e injustificado, con un conflicto que permanece oculto.

¿Cómo se presenta?

La variedad e intensidad de los síntomas difieren de una persona a otra. Algunas comparan el ataque con una pesadilla o una fuerte reacción adversa a algún medicamento, pero lo más aterrador es que experimentan una intensa ansiedad y la impresión de perder el control.

Todo lo anterior puede conducir a la desesperanza, pues los individuos creen que su trastorno sobrepasa las posibilidades de control. El miedo a su propia vulnerabilidad interactúa con intensas respuestas afectivas, causando un círculo vicioso.

Un ejemplo de cómo se presenta este cuadro es cuando una persona siente un trastorno abdominal después de haber comido en exceso y piensa que algo terrible puede sucederle. Después empieza a manifestar respuestas físicas, como palpitaciones, fatiga y transpiración. Afectiva y mentalmente presenta ansiedad y confusión, respectivamente. Quien sufre el ataque siente que le está sucediendo algo espantoso, que no puede controlase, que está muriendo y necesita ayuda.

Dos modalidades

En quienes experimentan esta crisis de ansiedad se pueden apreciar dos modalidades. En la primera la persona se siente abandonada y desprotegida en un mundo amenazante y peligroso, además de que se percibe a sí misma vulnerable y débil.

También siente que le pueden ocurrir hechos terribles y se angustia de no poder controlar la situación porque puede desmayarse, perder la razón o morir.

La otra forma que toma el ataque de ansiedad es de tipo coercitivo. Es decir, la persona vive el miedo como si fuera prisionera y no pudiera liberarse físicamente.

Además, presenta síntomas físicos predominantemente en la región torácica como dificultad para respirar, al sentir el pecho oprimido, y palpitaciones. Estas dos formas frecuentemente se alternan en la misma persona.

Fuente: Ramón Clériga

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